¿A qué hemos venido?

Tras caer Vázquez, la afición ya apunta a Molango y Recio. Pero también a los futbolistas. Foto: LFP.

Al margen del cambio de entrenador en el Real Mallorca, tras el partido ante Valladolid ha ocurrido otro acontecimiento que conviene, como mínimo, comentar. Un jugador del primer equipo, anunció un problema grave dentro del vestuario. No un tema técnico, táctico o físico, sino psicológico. Fue un desahogo sobre una situación ausente de “actitud”, ganas, ambición; ausencia de motivación y “hambre”. Es, como mínimo, preocupante que un equipo profesional sufra esta situación, dado que es difícil de predecir y de solucionar según las causas que hayan provocado esta situación. Expongo algunas de las posibles a continuación.

Contratos inapropiados para la categoría

Sueldos base generosos que invitan al jugador a hacer el mínimo con tal de cobrar, ausencia de primas de rendimiento (minutos jugados, asistencias, etc) atractivas para el jugador que le invite a “currarse” el día a día. Recomendación: ofrecer contratos con un sueldo base aceptable pero no cuantioso y la posibilidad de aumentar el dinero recibido por el futbolista con la consecución de muchas primas distintas relacionadas con el rendimiento del deportista: motivación asegurada.

Disparidad de objetivos individuales

A la hora de fichar, no sólo se debe contar el talento del jugador, sino la actitud predecible del jugador, es decir, si yo ficho a un joven cedido por el Real Madrid, es evidente que su objetivo es triunfar lo necesario para poder jugar en dicho equipo. Si el Mallorca busca hambre, debe contratar jugadores con posibilidades de tener hambre. Si ficho un jugador de 31 años, con mucha experiencia en Segunda División (y sabiendo lo bien que se vive en la isla), es poco probable que su objetivo sea destacar para que le fiche un Primera División, más bien, necesita dar el rendimiento suficiente para seguir teniendo un contrato que le permita mantener su economía.

El objetivo del jugador determina su ambición y eso condiciona su actitud en el juego, si acumulo jugadores con un objetivo de estabilidad deportivo-económica más allá de los que tengan un objetivo de progresión deportiva, puede favorecer una peor cohesión en el equipo y un desequilibrio de esfuerzo en la plantilla. Es evidente que todo jugador quiere jugar en Primer, pero muchos, por talento, condiciones, edad, limitaciones o falta de convicción, no lo va a conseguir.

Gestión de acciones

Los jugadores no tienen la capacidad de gestionar sus acciones en relación con sus objetivos. Las circunstancias de los resultados, la monotonía de entrenamientos y dejarse llevar mucho por todo esto, ayuda a que los jugadores pierdan de vista la razón por la cual están en el equipo, pudiendo sentir desgana, falta de confianza y ausencia de motivación. Esta circunstancia se puede prevenir con la incorporación al equipo de un psicólogo deportivo que pueda dedicarle a cada individuo un tiempo necesario.

Fue un desahogo sobre una situación ausente de “actitud”, ganas, ambición; ausencia de motivación y “hambre”.

Estas pueden estar siendo algunas de las causas que apoyan la desgana de algunos jugadores, además aspectos manejables por el entrenador cómo la poca variedad de ejercicios de entrenamiento, la convicción en las ideas tácticas de los jugadores y adaptar de forma ineficaz la idea de juego a los jugadores puede acentuar esta situación. La cuestión es, ¿puede un futbolista profesional permitirse el lujo de no mostrar intensidad, ganas o “actitud”? Con el Vasco puede que esto pase a un segundo plano, pero el jugador debe rememorar a qué ha venido a Mallorca y cuál es su objetivo.


Foto: LFP.

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Sobre Óscar Bueno

Psicólogo deportivo mallorquín y entrenador avanzado de fútbol. Trabaja con deportistas profesionales y amateur, jóvenes y veteranos de distintos deportes. Ha colaborado con el RCD Mallorca, BSA-Palma Air Europa o la Vilas Tennis Academy. Puedes encontrar más en www.oscarbueno.es

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