Deporte es política

2017_10_03 Esteladas rojigualdas

¿Cuantas veces escuchamos la expresión, no hay que mezclar deporte y política? Infinitas. Es el gran tópico al que se recurre cuando un deportista opina sobre un tema incómodo. ¿Ventajismo? Etimológicamente el término política se entiende como el proceso de tomar decisiones. ¿No es el deporte un juego que recrea la toma de decisiones por parte de los individuos o colectivos involucrados en su práctica? En todo caso lo que molesta a los amantes de dicho tópico es que, el deporte y sus practicantes, sean partidistas. Es decir: tomar partido y posicionárse, a criterio propio, en torno a una cuestión concreta del entorno en el que viven.

Con sentido crítico, tolerancia y razonamiento; el deporte evitará ser un vulgar espectáculo de pan y circo.

Partidismo

Es como toda aquella gente que se considera apolítica por desengaño con el contexto actual. En todo caso se sentirá apartidista al no confiar en ninguna de las opciones políticas actuales. Los humanos somos seres políticos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. La primera toma de decisión es elegir en el desayuno entre café o zumo de naranja. Por no hablar, antes de meternos en la cama, de escoger entre poner la alarma despertador a la hora exacta o decidir apurar cinco minutos más para dormir.

Piqué y Ramos durante la Eurocopa 2016.
Gerard Piqué y Sergio Ramos durante la Eurocopa 2016.

Aceptar las reglas

Metáforas de cotidianidad aparte. El deporte es política y, a su vez, partidista. ¿Por qué? Porque, desde su origen, el es la expresión de una colectividad agrupada por la afinidad que genera un contexto y circunstancias comunes. El éxito del deporte es ser capaz de lograr que, dos posturas antagónicas, acepten las mismas reglas del juego para competir uno contra el otro en una modalidad concreta. Ahí entrarían los amigos del gran tópico. Quizás lo que quieran decir es que el deporte no sirve para dirimir los grandes conflictos sociales. Ahí estoy de acuerdo. Aunque Piqué y Nadal son tan libres de dar su opinión públicamente como los aficionados de expresarse con banderas españolas o esteladas en los estadios.

Desmovilización

El deporte, al convertirse en fenómeno de masas, es una manifestación de identidad. Los poderes pretenden controlar su capacidad de movilización o, en su defecto, promover el mensaje de despolitización arrancándole sus raíces, esencia y orígenes. Quien se olvida de donde procede, ignora donde está hoy condenándose a caer de nuevo en los viejos errores. Es cuestión de entender que una competición no resuelve conflictos pero sí puede ayudar a canalizarlos al inculcar valores de esfuerzo, superación y juego limpio. Debemos reivindicar -con sentido crítico, tolerancia y razonamiento- que el deporte se entienda como un evento lúdico de carácter político y partidista. De lo contrario se convierte en un vulgar espectáculo de pan y circo además de una marioneta de distracción por parte del poder de turno.


Portada: Espectadores del Camp Nou con esteladas y en el Bernabéu con banderas rojigualdas.

Sobre Pau Ferragut

Especialista en tenis y estadísticas deportivas. Ha cubierto la información de Roland Garros desde 2011.

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