Por amor al fútbol

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La vida del jugador amateur en las islas -ya sea en Tercera, Preferente o Regional- no varía mucho de una categoría a otra. Cuando lo afirmo es porque, la mayoría, acuden a los entrenamientos tras su jornada laboral o lectiva. Juegan a fútbol paralelamente a su actividad diaria. Algunos casos excepcionales son los equipos que -puntualmente y en unas temporadas más que en otras- ofrecen a algunos de sus jugadores dedicarse en exclusiva al fútbol o les facilitan un puesto de trabajo que puedan compaginar con los entrenamientos. Estos equipos son los que presentan un músculo financiero superior a la media y siempre hablamos de Tercera División. Son los casos del Formentera, Peña Deportiva o jugadores del filial del RCD Mallorca cedidos o incluso en el propio filial cuando ha estado en esa categoría.

El jugador amateur es el que juega a fútbol por amor. Es el que, si pierde, sufre de verdad.

Fútbol afterwork

La diferencia principal que te encuentras es la de la exigencia e implicación de los jugadores, cuerpo técnico y junta directiva. A superior categoría más volumen de entrenamientos semanales tienen y mayor número de personas componen los staff técnicos y las juntas directivas normalmente. En el punto en el que todos coinciden es en que los jugadores no reciben ningún sueldo y van a los entrenamientos tras haber trabajado de siete a nueve horas diarias o después de clase. Cada uno de ellos viene física y mentalmente de una manera diferente a otro. En una sesión de entrenamiento te puedes encontrar con jugadores que vienen de estudiar, otros que vienen de hacer sus ocho horas delante de un ordenador, otros de un almacén o en la obra.

La familia está siempre ahí

Cada uno con una problemática diferente y que utilizan los entrenamientos y la competición como válvula de escape a su día a día. Al margen del amor que todos ellos sienten por este deporte. Ese amor que les hace llegar muy tarde a casa entre semana y sacrificar medio día -o incluso un día entero del fin de semana- por el fútbol. Y, normalmente, quien lo “sufre” son las famílias de cada uno. Pero eso sí, nunca fallan y están ahí se gane o se pierda, haga frío o calor y son el soporte de nuestro fútbol amateur. El jugador amateur también pone en riesgo su trabajo. Una lesión puede conllevar consecuencias negativas en ese aspecto. A parte de que, normalmente, los tratamientos siempre corren a cargo del futbolista. Y en estos casos los que siguen ahí son los de siempre, los familiares, el soporte.

El jugador amateur es el que juega a fútbol por amor. Se compra sus propias botas y, muchas veces, también su ropa de entrenamiento. Suda la camiseta de verdad, se esfuerza por cumplir el objetivo del equipo y ganar cada partido. Lo da todo en cada jugada, cada balón, tiene ganas de jugar y determinación. Cualquier excusa es buena para una cerveza o montar una torrada. Es el que, si pierde, sufre de verdad…


Foto: Fútbol Balear.

Sobre Dani Gómez Paniza

Entrenador de fútbol nacional UEFA PRO. Ha dirigido al Juvenil A del At. Baleares, Andratx en (Preferente y Tercera) y At. Rafal (Tercera División). Analista de fútbol en radio y ahora también en ttdeporte.com.

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