Si no sabes, ¿para qué te metes?

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Mucho se ha escrito sobre el concepto padre/entrenador. Personalmente creo que no lo suficiente y el día a día lo demuestra. Muchas son las situaciones que podemos vivir en los distintos recintos deportivos de nuestra isla que vienen a confirmarlo. “Si quieres triunfar, ponte tú a practicar deporte y deja que tus hijos disfruten”, rezaba una publicación que vi en redes sociales. Seguro que la mayoría comparte esta afirmación, aunque nos encontremos en los distintos recintos deportivos de la isla con ejemplos que vienen a negar esta cita. Actualmente mi experiencia se centra en el mundo del baloncesto, ya que mis dos hijos practican este deporte y, como muchos padres, además de hacer de taxi nos acabamos implicando como delegados, directivos y realizando cualquier función que el club de nuestro hijos requiera. Y, si como en nuestro caso, el equipo es nuevo y pequeño; lo hacemos con más motivo. Puedo afirmar que el modelo padre/entrenador sigue vigente. Es más, creo que pasa en todos los deportes y no solo en el futbol, que sería el primero que aparece en nuestro pensamiento.

El mayor lastre del deporte de formación son los padres. Muchas carreras quedan frustradas por la presión que ejerce sobre los hijos.

Padres frustrados

Estas situaciones, normalizadas por desgracia, deben generar nuestro más profundo rechazo. Debemos dejar que los entrenadores, personas en las que confiamos la formación deportiva de nuestros hijos, les dirijan y formen deportivamente. Muchos son los caso en los que el entrenador dice A y el padre de turno dice B, generándole al niño un pequeño caos. La figura del entrenador debe disponer de la autoridad suficiente para poder dirigir al equipo y poder tomar las decisiones necesarias para el bien del niño y el equipo. Pero, a la hora de verdad, no lo seguimos al pie de la letra. Todos, en un momento u otro, volcamos nuestra frustración de deportista en nuestros hijos. Creo que entra dentro de lo normal. Si uno es consciente y lo controla, bueno, no somos perfectos. El problema viene cuando insistentemente intentamos influir en nuestros hijos, en muchas ocasiones contradiciendo lo que el entrenador, que es el que sabe, le indica al niño y si lo hacemos durante el partido, aquí no tienes perdón.

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Autoridad al entrenador

Una teoría muy extendida, personalmente creo que es la ideal, es la que dice que al acabar la competición deportiva de tu hijo lo que debes hacer es pedirle qué tal ha ido, si ha disfrutado o lo ha pasado bien. Hay que sacar a relucir el componente de disfrute en el deporte, que al final es lo que vale la pena. Desde una visión de padre implicado en la actividad deportiva de mis hijos, como directivo y como entrenador, creo que el mayor lastre del deporte de formación son los padres. Sí, es duro, pero real. Lógicamente no todos, no podemos generalizar, pero muchas carreras quedan frustradas por la presión que ejerce algún padre. Creo que, en la mayoría de los casos, los entrenadores disponen de los conocimientos para sacar lo mejor de nuestros hijos y nosotros, los padres, lo impedimos.

Sobre Tolo Oliver

Creativo, diseño gráfico y comunicación. Actualmente director creativo y socio fundador de DCP3 (Grupo Borbalán).

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