El día después de la decimocuarta en París

Tras ganar un Grand Slam no les espera una jornada cualquiera a los tenistas. La protocolaria sesión de fotos con el trofeo y la interminable ronda de entrevistas son requisito obligado para campeonas y campeones. Más todavía si has conquistado por decimocuarta vez el mismo escenario y, con veintidós en total, adelantas a tus perseguidores en la histórica lucha por la eternidad del tenis. Para Rafel Nadal, el despertar después de volver a vencer en Roland Garros arrancó con la alarma del despertador bien temprano en el Hotel Intercontinental – Paris Le Grand para acudir, a las nueve de la mañana, al Pont Alexandre III e inmortalizar, ante decenas de fotógrafos, la ya icónica escena con la Coupe des Mousquetaires y la Torre Eiffel de fondo.

Baño mediático

En una hora, el manacorí regresó a su cuartel general durante las dos semanas del torneo para recluirse en el espectacular y ostentoso Salon Ópera. Cubierto por una preciosa cúpula acristalada, una imponente lámpara clásica, tapices en el suelo, además de columnas y estatuas de mármol que recreaban el ambiente de la alta sociedad parisina de la segunda mitad del siglo XIX.

Con el paso de los días, cuando se calma todo y tienes algo más de pausa, valoras las cosas con mayor perspectiva.

Allí le aguardaban una veintena de profesionales de cadenas de televisión, agencias, medios escritos y radiofónicos. A pesar de la lógica reiteración en algunas preguntas, Nadal respondía con más serenidad que el día anterior sentado en un sillón, con el pie maltrecho estirado y aclarándose la garganta con una botella de refresco.

Perspectiva

“Bueno, se asimila enseguida”, respondió Nadal a la pregunta de cuando llego uno a empezar a tomar consciencia de la magnitud del éxito logrado. “No es el primero ni el segundo que consigo. Son ya muchos años, tengo 36 y no necesito asimilar muchas cosas”, pronunció con la entereza de quien se ha acostumbrado a ganar, pero no por ello le otorga una importancia mayor que lo convierta en sobrehumano. “Después, con el paso de los días cuando se calma todo y tienes algo más de pausa, empiezas a valorar las cosas con mayor perspectivas”, cerró su respuesta resaltando la importancia de relativizar las cosas en su justa medida, por más extraordinarias que parezcan al resto de mortales.

 

Corrillo

En un corrillo con la prensa española, Nadal bromeó con la posibilidad de enseñar el estado de su pie que tanto, o más que el propio tenis, ha dado que hablar durante la disputa del abierto francés. Preguntado por si, entre los riesgos que ha tomado durante su carrera en materia de recuperación de lesiones, este es el mayor sacrificio en su carrera; el zurdo de Manacor asumió que para él no le supone igual que a las personas “que se levantan cada mañana para ir a trabajar en algo en lo que no les queda más remedio, ya que en mi caso toda mi vida he hecho lo que he querido y, si algunas veces no salía con mis amigos para entrenar, es lo que realmente quería hacer”.

Sacrificios

“En este caso no considero que haya sido un gran sacrificio”, reiteró, “ya que el esfuerzo siempre ha valido la pena y así lo he hecho toda mi vida. He intentado aprender de lo que me he equivocado y lo he asumido mirando hacia adelante con la perspectiva de las cosas. Han sido dos semanas muy emocionantes y vuelvo a casa con un título que es de los más emocionantes de mi carrera”, apostilló mientras a su alrededor seguían montándose y desarmándose sets móviles de televisión en el majestuoso escenario custodiado por agentes de seguridad pendientes de preservar el traslado de la Coupe des Mousquetaires original antes de devolverla al museo de Roland Garros.

Uno más

Nadal se lleva a su museo particular de la academia en Manacor una réplica a escala más pequeña, aunque cuenta con una réplica del trofeo original regalada especialmente por de la Federación Francesa cuando conquistó su décima corona en París. “Mi vida en el circuito es buena y, con los años, he aprendido a disfrutar de distintas cosas”, contestó con media sonrisa ante la cuestión sobre lo que se añora de sus rutinas fuera del tenis en casa. “Al final lo que echo de menos de Mallorca son la familia, amigos y mi día a día normal y corriente. Cuando estoy en casa soy uno más y aquí es un poco distinto”, cerró en referencia a la enorme repercusión que tiene siempre su presencia en la capital francesa. De hecho, para poder salir rumbo al aeropuerto, se habían concentrado medio centenar de seguidores en la puerta de su hotel mientras sus padres, esposa y hermana le aguardaban para subir al transporte oficial del torneo.

Sobre Pau Ferragut

Especialista en tenis y estadísticas deportivas. Ha cubierto la información de Roland Garros desde 2011.

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