El ogro de Melbourne

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Parecía que este 2019 estaba predestinado a ver como Rafel Nadal levantaba su segundo título en el Open de Australia. Tal vez el llamado #10YearsChallenge influyó al coincidir con la década exacta de su primer éxito en Melbourne. Pero, sobre todo, su espectacular nivel de juego en su regreso tras cuatro meses lesionado presagiaba que algo grande podía acontecer en el primer grande del año. El número dos del mundo fue devorando rivales ronda tras ronda y llegaba mejor que nunca a la final. Alejados los fantasmas de posibles lesiones a causa del cansancio acumulado, quedaba un ogro llamado Novak Djokovic al que vencer.

Djokovic se crece sobre el plexicushion anulando las virtudes que el mallorquín venía mostrando.

Excelsos

El capítulo número 53 de su eterna rivalidad se presentaba como otro de los grandes combates de la serie a tenor de su único precedente en Australia, la final de 2012 que se prolongó durante casi seis horas, además de su último duelo hace algo más de medio año en Wimbledon. Djokovic demostró que juega como local en Melbourne a pesar de que su Belgrado natal quede a miles de kilómetros. El balcánico se crece sobre el plexicushion de la Rod Laver Arena convirtiéndolo en el principal aliado de su tenis y anulando las virtudes que el mallorquín venía mostrando. Así lo demuestran los siete entorchados, nadie tiene más que él en el Grand Slam oceánico, sin olvidar el nivel mostrado durante los catorce días de competición. Nadal ya avisó que el serbio era el rival a batir. Su metamorfosis a partir del título en Wimbledon vino acompañado por otro éxito en Nueva York y la recuperación del trono del tenis mundial en 2018. No podíamos tener una final mejor a tenor de los antecedentes ya que a la NextGen todavía le falta tiempo de cocción.

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Hermano mayor

Los respectivos calvarios de Nadal y Djokovic para llegar hasta aquí deben hacernos reflexionar también sobre cual ha sido ese camino y quien les ha acompañado. En el equipo del manacorí debemos destacar, una vez más, la figura de un Carlos Moyà que, como me dijo en su día Mats Wilander: “Nadal respeta a Moyà como a un hermano mayor”. El palmesano conoce a su paisano desde su adolescencia y siempre ha representado ese espejo en el cual reflejarse en los primeros pasos del de Manacor en el circuito. Está claro que le ha superado en títulos pero ahora se ha transformado en un papel renovador para estar a la altura de un tenis moderno preservando la esencia de un Nadal con el hambre competitiva del primer día.

Raíces

Por su parte, el serbio se acerca con 15 títulos de Grand Slam al de Manacor y al de Basilea. Regresar con Marjan Vajda le ha permitido acordarse que su misión en el tenis iba más allá de haber podido ganar al fin Roland Garros. En 2016 quedó exhausto tras llevar una década fracasando en París ante el ogro de la tierra batida. Con el agotamiento mental le persiguieron unas molestias en el codo que le tuvieron en el dique seco durante una larga temporada y el regreso no salía como se esperaba. El de Belgrado probó, sin éxito, con varios técnicos hasta volver a sus orígenes. Su acierto, aunque ahora duela por la derrota de Nadal, lo agradecerá el tenis en una temporada que se presenta de nuevo apasionante y abierta.


Portada: Nadal con rostro serio durante la final ante Djokovic (Tennis Australia).

Sobre Pau Ferragut

Especialista en tenis y estadísticas deportivas. Ha cubierto la información de Roland Garros desde 2011.

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