Nadal y Catalunya

2017_09_13 Nadal 01

Para Rafel Nadal hay preguntas que le repiten hasta la saciedad, dependiendo del contexto, cada vez que le ponen delante un micrófono. Parece que, a día de hoy, estas han dejado de ser las clásicas de “cuando va a retirarse”, “si piensa casarse”, “un pronóstico para el Clásico” o “si Cristiano merece ganar el balón de oro”. Tras la entrevista publicada en El Mundo, después de ganar el US Open, han dado la vuelta al mundo sus declaraciones sobre el referendum del 1-O en Catalunya. Palabras ampliadas y matizadas a su llegada al aeropuerto de Son Sant Joan y que, conceptualmente, podemos resumir en que el manacorí reitera su sentimiento de españolidad, su cercanía emocional hacia Catalunya y además hace una llamada al diálogo. El número uno del mundo ha vuelto a dejar patente su opinión mostrando un talante tolerante hacia todas las posturas.

Si se entendiese el patriotismo como Nadal siente su deporte, seguramente jamás hubiésemos llegado a esta situación.

Barcelona

Sobre esa cuestión hay quienes se lo toman en un extremo u otro de la balanza. Y es necesario recordar que ni Nadal es un facha al afirmarlo ni tampoco un cobarde moderado por no condenar rotundamente el separatismo. Es imprescindible recordar que la relación del manacorí con Catalunya -especialmente con su capital- se inicia en su adolescencia cuando ficha para competir con licencia federativa del Reial Club de Tennis Barcelona. La cuna del tenis catalán se fijó en su talento y le ofreció la oportunidad de competir por equipos bajo su tutela. Igual que ha defendido los colores de España cuando la RFET requería su presencia en competiciones internacionales hasta el punto de ganar la Davis Cup en categoría junior y absoluto. A parte de su CT Manacor, donde creció como tenista y persona, el mallorquín siempre se refiere cariñosamente al RCTB como “mi club”. Nunca ha escondido el hecho de sentirse querido y mimado por la centenaria institución de Pedralbes asimilando unos valores y tradición integradores. De hecho cada vez que atiende entrevistas ante medios catalán, aún sabiendo que le entienden, tiene la deferencia de cambiar al acento a la variante dialectal central.

Nadal cumpliendo la tradición del campeón en Barcelona de lanzarse a la piscina con los recogepelotas del RCTB.
Nadal cumpliendo la tradición del campeón en Barcelona de lanzarse a la piscina con los recogepelotas del RCTB.

Gasol y López

El RCTB reivindica y presume de la figura de un Rafel Nadal deportista por más que él nunca haya escondido su españolidad. Este 2017 le cambiaron el nombre a su pista central homenajeándole por todo lo que ha dado al club. En ninguna de las ceremonias de entrega de premios de sus diez títulos ha recibido un solo silbido. Y eso que, en los últimos años, el procés ha tomado una mayor reivindicación política y efervescencia social. Al de Manacor se le quiere en Barcelona y Catalunya por lo que representa como deportista único e irrepetible. Es español, no lo esconde, pero tampoco hace ostentación porque entiende y respeta cual es la realidad. Ha convivido con ellos, conoce su idiosincrasia y desea -como ha expresado- que se sientan cómodos dentro del modelo de Estado. Entre sus mejores amigos están Pau Gasol -jugador de baloncesto- y, dentro del circuito profesional, Marc López. Un tenista, también del RCTB, que no solamente ha sido su compañero de dobles sino que, en numerosos torneos, le acompañaba como sparring y convivía con él. Por todos es recordado el brillante papel que desarrollaron logrando el oro olímpico en Rio hace un año. Ambos defendían los colores de España. Ambos se hablan y entienden dentro y fuera de la pista en catalán. Normalidad. Sin más.

Abanderado

Hablando de los Juegos Olímpicos y los colores, Nadal no necesita exhibir ninguna bandera para demostrar nada a nadie. El número uno del mundo fue escogido por el COE porque cualquier país del planeta querría que él fuese su abanderado. Por su deportividad, por ser un ejemplo de fortaleza ante las adversidades y humilde en las victorias. Cada vez que juega en la Caja Mágica, en el Masters 1000 madrileño, aparecen centenares de banderas rojigualdas en sus partidos. Personalmente las veo más apropiadas en Copa Davis. Pero Nadal no necesita hacer ostentación de los colores del país que siente como propio. No entiende de crispaciones más allá de la tensión competitiva inherente al deporte que ama. Su patriotismo es un complemento motivacional en competiciones como la Davis o los JJOO. El tenista juega para si mismo durante nueve meses al año. La competición por equipos y países le aporta esa dósis extra de pasión que comporta sentirse parte de un colectivo y representarlo. Por eso disputó la final de 2011 infiltrado o jugándose la temporada para llegar a Rio y competir por las medallas en los Juegos. Si se entendiese el patriotismo como él siente su deporte y su implicación emocional con las personas que quiere -sean de donde sean- seguramente no hubiésemos llegado a esta situación política, social e institucional. Tomemos nota antes de atizarle gratuitamente.


Portada: Nadal y Gasol se abrazan tras la victoria del manacorí en Rolando Garros en 2012.

Sobre Pau Ferragut

Especialista en tenis y estadísticas deportivas. Ha cubierto la información de Roland Garros desde 2011.

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