Llega ese día tan especial de la temporada, un día señalado en el calendario por su excepcionalidad. Llega el tercer monumento del año, la carrera que genera filias y fobias para aquellos ciclistas que la conocen y la sufren en sus piernas. Llega la carrera con más alias, tan contrapuestos, que es reconocida como el Infierno del Norte y la Pascale, fuego eterno y resurrección.
Llega la París Roubaix. Doscientos cincuenta y seis kilómetros y sus mil trescientos metros de desnivel, cifras que esconden, en su ingenua apariencia, un tormento debido, principalmente, a esos treinta sectores de tramos adoquinados que suman cincuenta y cinco kilómetros, en total.
Los 55 kilómetros adoquinados son la sensación de una carrera única.
La ruta desde Compiegnes hasta Roubaix es casi directa hacia el norte, lo que provoca que el viento influya notablemente en la carrera: según su dirección, puede hacerla mucho más rápida o añadir otra dificultad.
En la París Roubaix, el ciclismo regresa por una jornada a sus primitivos inicios. Al ciclismo donde la innovación apenas influye. Es la carrera en la cual el pelotón rueda por caminos sin asfaltar, con especial atención a los famosos tramos adoquinados, cuyos nombres generan reverencia, como son el Bosque de Arenberg, Mons en Pévèle o Carrefour de Arbre,
El duelo del momento
En esta ocasión se disputará la 123ª edición, el poso y el peso de la historia completan todavía más el aura de la carrera. Solo de pensar en tantos campeones pretéritos, en tantas gestas y hazañas que se han vivido en el mismo escenario, la carrera atrapa al buen observador.
De nuevo, los grandes favoritos vuelven a ser Pogacar y Van der Poel. Para el invencible Pogacar es la carrera más incierta, donde el dominio absoluto que viene demostrando, no se prevé que pueda ser tan manifiesto. La experiencia de Van der Poel, con tres triunfos consecutivos, es otro registro añadido que pone más incertidumbre al duelo del momento.
Llega la carrera que celebra la Pascua Florida, la primavera más radiante, el ciclismo más vibrante. Nos estamos refiriendo a la lucha más visceral y radical de todas las que se disputan durante el año ciclista.



