Roland Garros ‘after hours’

Faltaban quince minutos para las cuatro de la madrugada del recién estrenado mes de junio cuando abandoné Roland Garros. Dos horas y media antes Rafel Nadal rubricaba su triunfo ante Novak Djokovic en el TieBreak de la cuarta manga, tras levantar un 2/5 y dos pelotas de set para no ir al quinto. En ese lapso de tiempo el manacorí celebró su triunfo en la pista Philippe Chatrier con los quince mil entregados aficionados, atendió los compromisos de las televisiones con derechos y posteriormente la rueda de prensa. A los enviados especiales todavía nos quedaba cerrar crónicas, adelantar matinales y editar cortes de voz de los protagonistas para el día siguiente.

Marc López le enseñó a Sebastià Nadal la camiseta ‘RAFA 21’ del récord y respondió levantando dos dedos de cada mano.

Frío y caos

Esta estampa hasta ahora solamente se vivía en el US Open y el Abierto de Australia, en París esta es la primera edición. El toque de queda del año pasado impedía que se jugaran partidos hasta tan tarde, exceptuando la medida de gracias adoptada por el gobierno en las semifinales, de nuevo con Nadal y Djokovic como protagonistas. En nuestro caso, la salida del recinto no tuvo mayor complicación al estar alojados a diez minutos andando. Pero la mayoría del público y muchos trabajadores del torneo, se las vieron y desearon para abandonar Bois de Boulogne con el metro y autobuses ya fuera de servicio. Los taxis hicieron el agosto cobrando trayectos a casi cien euros y el cabreo era generalizado. Eso por no hablar que la climatología parisina. Cuando cae el sol se enfría muchísimo el ambiente y se vieron muchas escenas de espectadores con mantas en la grada, incluso los periodistas en la tribuna de prensa con camisetas térmicas y hasta con doble calcetín puesto.

 

A fuego lento

Nadal ya sabía por qué no quería jugar de noche, pero le dio igual en cuanto pisó la arcilla. No solamente la de la Chatrier, sino mucho antes a las 16:30 horas cuando inició su sesión de activación en la Pista 2. Con el rostro de concentración y sudando a veinte grados, su equipo charlaba con conocidos en la grada. “La sesión nocturna en Nueva York empieza a las siete y media de la tarde. Si Alcaraz y Zverev se alargan arrancaremos incluso más tarde de las nueve”, advertía el manager Carlos Costa. A pesar de que el mallorquín y el serbio empezaron a la hora, su partido se cocinó a juego lento. Media hora para los primeros cuatro juegos. El sexto del segundo set duró un cuarto de hora y el global de la manga fue de hora y 24 minutos. Así se comprende que con un acumulado de cuatro horas se alcanzara la madrugada.

Anécdota en la Lenglen

El campeón de 21 Grand Slam puede agregar uno más a su palmarés. Lo tiene todo a favor. No solamente por haber tumbado al principal favorito. También han quedado ya por el camino Daniil Medvedev (2), Stefanos Tsistipas (4) o Carlos Alcaraz (6). La victoria de Nadal ante Djokovic fue una prueba de fe para disipar cualquier especulación sobre una despedida del torneo que ha conquistado en trece ocasiones. Una de las anécdotas off the record se produjo el pasado viernes cuando el tenista de Manacor preparaba en la Suzanne Lenglen su partido de tercera ronda ante el neerlandés de impronunciable nombre Botic van de Zandschulp. Marc López, miembro de su staff técnico, peloteaba con él llevando la camiseta ‘RAFA 21’. Se la enseñó a Sebastià Nadal con un gesto para decir irónicamente: “la llevo puesta”. El padre del tenista le respondió, en el mismo sentido, levantando dos dedos con cada mano. El simbolismo de la confianza en el título número 22. En ese momento el mallorquín no entraba como principal favorito. Pero su equipo le tenía fe y él, como no iba a ser de otra manera, no ha defraudado.

Sobre Pau Ferragut

Especialista en tenis y estadísticas deportivas. Ha cubierto la información de Roland Garros desde 2011.

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