Pogacar, el rey sonriente

Ha sido uno de los grandes nombres de la temporada. Con un arranque avasallador, Pogacar derrochó su talento en las primeras carreras del año con la misma generosidad de un niño que estrena una ilusión recibida.

Tenía hambre de carreras el esloveno, y las devoró nada más empezar. Carrera que corría, carrera que ganaba. Como un titán invencible arrasó con una superioridad tan notable que las comparaciones con el legendario Merckx se prodigaron hasta el punto de compartir el apelativo con el que pasó a la historia el mítico campeón belga: el caníbal.

Aquellos triunfos preliminares tuvieron a España de aliada. La dirección de Josean Matxín, cazatalentos y descubridor del diamante, cuidó de que así fuera. Una de las asignaturas pendientes del campeón esloveno es regresar a la Vuelta, grande donde se dio a conocer al gran público ganando tres etapas y el maillot blanco de mejor joven. 

Ganador de la París-Niza, del Tour de Flandes o el Giro de Lombardía resumen una temporada brillante.

La Carrera del Sol fue el primer encontronazo con su otro yo en esto del ciclismo. Vingegaard había respondido con bastante similitud la referida fiereza de Pogacar. Por lo que la París- Niza se aventuraba como la primera de las muchas grandes batallas que estaban por librar. 

El Col d´Eze fue testigo de la plenitud de Pogacar, ciclista total que reverbera los ecos del ciclismo primitivo, aquel donde el ciclista competía por todo y para ganarlo todo. Paladín del neo ciclismo, el que destierra nomenclaturas que han sido hegemónicas durante décadas, entre las que el llamado hombre- Tour presidía la temporada. 

 

La sonrisa de Pogacar, una de sus características

Un ciclista sumario

Pogacar es un compendio, un corredor sumario que abarca la categoría de clasicómano, de hombre-tour, de ciclista de vueltas de una semana, y si se tercia de un cazador de etapas.

En la primavera entusiasmó ante la posibilidad de ganar el Tríptico de las Ardenas. Su despliegue desbocado en Flandes, ganando el Monumento que lleva su nombre, la Amstel Gold Race y en el muro de Huy, se truncó por el escafoides. Una caída absurda en los primeros compases de la Doyenne frustró su hipotética victoria en Lieja. 

El calor del Tour de Francia

Un frenazo que le apartó de la competición hasta el comienzo del Tour de Francia. Pagó cara la factura de la inactividad, especialmente, la primera semana. Fue de menos a más hasta la explosión de Vingegaard en la crono de Combloux, en la que voló a menor altura que su rival, inalcanzable aquel día. 

Perder su segundo Tour consecutivo – Pogacar es de esos pocos deportistas en las que sus no victorias se le consideran derrotas – no se le indigestó. No perdió la sonrisa en ningún momento. Reconoció deportivamente la superioridad de Vingegaard y se consolidó una rivalidad icónica 2.0 para el ciclismo.

El Tour del 2023 consolidó la rivalidad de categoría icónica entre Vingegaard y Pogacar

Su última obra magistral la reservó para el otoño. Así le gusta acabar la temporada a Pogacar. Lo demuestra el hito de sumar tres giros de Lombardía consecutivos, registro que le vuelven a comparar con los más grandes, inevitable tentación que convendría desterrar por la singularidad del protagonista.

Pogacar es único y probablemente, irrepetible. Como lo fueron los anteriores. La mejor de sus virtudes habita en su corazón alegre, de niño entusiasmado, que mejora cada día, en cada carrera y temporada. 

El Pogacar que nos deja este 2023 es el de un ciclista completo, total, al que solo se le conoce un hándicap de naturaleza incontrolable: el Tour se corre en julio, un mes de calor, un rival invisible que le hace sufrir más que el propio Vingegaard. En el 2024, el Tour se adelanta unos días…   

El 2024 nos promete una nueva entrega del duelo de dos titanes

Sobre Fernando Gilet

El Rutómetro de Fernando Gilet. Blog personal | IG @fernandogilet | Opinión, comentario y análisis de la actualidad ciclista de allí y de aquí con un toque muy personal.

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