Soberano de las Clásicas

Gozamos de la suerte de tener mucho Van der Poel por vivir, un  personaje para montar un gran documental. Con el campeón del mundo se completa el epílogo de nombres propios de un año de carreras por el viejo continente. 

Siempre protagonista, su esbelta y elegante figura, edifica la excelencia sobre ruedas. 

El 2023 le consagró como el rey de las clásicas, recogiendo el legado de los Roger De Vlaeminck, Tom Boonem, Sean Kelly o Fabian Cancellara.

Van der Poel avanza con paso firme a convertirse en el nuevo rey de las clásicas.

Terminó de rematar a su media naranja, Van Aert, que acabó cansado de verle ganar. La primera victoria fue directa a la frente. La conquista de la Milán-San Remo, rememorando el triunfo de su inolvidable abuelo, Raymond Poulidor, anticipó lo que vendría después. Van der Poel detonó las ambiciones de Pogacar, Ganna y Van Aert en el promontorio con vistas al Mediterráneo. El Poggio grabó para la eternidad un demarraje estremecedor con el que trituró a sus rivales y levantó del sofá a la audiencia.

La pantalla vibró aquella sobremesa. Embargado de una emoción indescriptible, metía en su alforja el primer monumento del año. La temprana primavera nos daba la bienvenida con un triunfo de autor gracias a una elocuente victoria. Empañó de lágrimas al protagonista y a sus seres queridos, y a algún buen aficionado, conscientes del momento trascendental.  También se rindió al enternecimiento.

La París- Roubaix 

Pasamos del cielo del sur al Infierno del norte. La París Roubaix es la definición material del sufrimiento elevado al extremo. La transformación de la épica en ciclismo radical, puro, sin ambages ni ambigüedades. De ahí su sobrenombre. La ambición soñada de todo clasicómano.

Van der Poel llevaba años persiguiendo el ganar esa carrera. El adoquín hecho trofeo era una pieza que deseaba y necesitaba conquistar. Van Aert volvía a ser su némesis. El belga lo intentó de todas las maneras en Arenberg. Sin embargo, la suerte le fue esquiva en el Carrefour de l’Arbre, y Van der Poel no miró atrás. Pedaleo a martillazos y consiguió el hito de sumar en una misma temporada la Milán- San Remo y la París- Roubaix. Conquistaba su tercer monumento. Van Aert lo contempló desde el tercer escalón del podio. 

El Super Mundial de Glasgow

Desapercibido en el Tour de Francia, lo utilizó de preparación para el último objetivo: el Super Mundial. Glasgow amaneció con la característica bruma escocesa. A pesar de estar en pleno mes de agosto, los chubasqueros y paraguas adornaban las calles de la ciudad. 

Los mejores ciclistas del mundo, a excepción de Vingegaard, acudieron a la cita. El maillot arco iris estaba en liza en un circuito ratonero, deslizante y peligroso, con más curvas que el Alpe d’Huez y un leve repecho, que, al esfuerzo de insistir por su paso, se hacía cada vez más intenso. 

¡Paso al nuevo campeón de mundo!, se vitoreó desde todas las radios y televisiones.

Se cayó, se levantó, se volvió a caer y se volvió a levantar. Todo un ejercicio ascético de perseverancia y tenacidad. Nadie pudo con él. Aturdió a Evenepoel y empequeñeció al resto. Su figura poderosa copaba todas las pulgadas del televisor. Como un soberano, majestad del ciclismo, con las heridas de la batalla librada, entró en solitario en la meta más pretendida del año. 

¡Paso al nuevo campeón del mundo! Van Aert cruzó la meta a 1.37” de la rueda trasera del campeón. Van der Poel había vuelto a ganar. Es decir, le había vuelto a ganar.    

Sobre Fernando Gilet

El Rutómetro de Fernando Gilet. Blog personal | IG @fernandogilet | Opinión, comentario y análisis de la actualidad ciclista de allí y de aquí con un toque muy personal.

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